Hola, hola; estimad@s lector@s de Mundo Liral. Espero que se encuentren muy bien en esta última semana de Octubre, rumbo a Noviembre y al feriado de Día de Difuntos. ¿Planes para el feriado? Por mi parte tengo proyectos secretos de escritura, no hay paseos ni viajes a otros lugares; se acerca el cumple de mis niños bonitos y debo ahorrar lo poco que tengo para celebrarlo.
Hablemos un poco... hace poco ha caído un aguacero por el fenómeno de El Niño que inundo todo mi barrio, parecemos Babahoyo con toda las calles inundadas. Varios carros y motos se quedaron atascados por la lluvia y los que circulan, parecen lanchas. Incluso se entro agua al apartamento y en mi cuarto.
Antes de actualizar el blog, me di una pequeña siesta por la lluvia que cayó al inicio de la tarde. Me desperté de golpe porque el agua entró desde la ventana abierta y los bordes de los vidrios. No fue mucha de inundación, solo el pasillo que conduce a la puerta abierta. Creo que la lluvia me da sueño cada vez que cae. Hay mucho atasco afuera y el clima es fresco por ahora, pero la ciudad ha quedado inundada y algunos sectores sin electricidad. Anoche se fue la luz y tenía una lectura pendiente y ansiada por semanas desde que la desbloquee (la del lobito vaquero), pero no se pudo porque el internet regresó al día siguiente.
Y bueno, que hay para hoy. La verdad, es que no hay nada en particular que contar. Actualizar por nada... ¿o algo? Veamos... les recomendaré lo que más les gusta: lecturas. ¿Y qué tal un cuento infantil sobre la lluvia? Este se titula: "La tarde de lluvia" de Eva María Rodríguez. Sacado de cuentos cortos.com
Enlace: https://www.cuentoscortos.com/cuentos-originales/la-tarde-de-lluvia
De todas formas, se los comparto aquí un fragmento para su lectura.
Marta miraba por la ventana, con la nariz pegada al cristal. Las gotas de lluvia resbalaban como si estuvieran corriendo una carrera. El parque, vacío y mojado, parecía muy diferente de como lo había imaginado. Tenía tantas ganas de ir a jugar… pero aquel día, la lluvia había decidido quedarse.—Papá, ¿cuándo parará de llover? —preguntó Marta con un suspiro.
Su papá, sentado en el sofá con un libro, la miró con una sonrisa.
—No lo sé, Marta. Parece que la lluvia quiere quedarse un buen rato.
Marta arrugó la nariz. "¿Qué puedo hacer ahora?", pensó. Todo lo divertido estaba allá afuera, en el parque.
—Bueno —dijo su papá poniéndose de pie—, si no podemos ir al parque, ¿por qué no buscamos algo divertido que hacer aquí en casa?
—Pero no es lo mismo —respondió Marta con una mueca.
Papá se agachó y la miró a los ojos.
—Quizá no sea lo mismo, pero a veces las sorpresas más grandes ocurren cuando no lo esperamos. ¿Qué te parece si probamos algo nuevo?
Intrigada, Marta lo siguió hasta la mesa de la sala. Allí, su papá sacó una caja de colores, pinceles y unas hojas grandes de papel.
—Vamos a pintar. Puedes dibujar lo que quieras, ¡incluso un parque más bonito que el de afuera!
Marta tomó un pincel, al principio un poco tímida. Pero cuando empezó a pintar, las ideas surgieron de su mente, como las gotas de lluvia en la ventana. Dibujó un parque lleno de árboles enormes, toboganes de colores y pájaros que cantaban bajo el sol. Los colores llenaban la hoja, y cuanto más pintaba, más sonreía.
—¡Mira, papá! Este es mi parque soñado —dijo Marta, mostrando su obra con orgullo.
Papá aplaudió.
—¡Es precioso, Marta! Y lo mejor es que lo has creado tú misma.
Cuando terminaron de pintar, papá trajo una caja con bloques de colores.
—Vamos a construir una torre tan alta como el arcoíris —sugirió con entusiasmo.
Marta rio y juntos comenzaron a construir. Cada bloque parecía un escalón hacia las nubes, y pronto la torre era tan alta que casi tocaba el techo.
—¡Guau! —exclamó Marta—. ¡Nunca había hecho una torre tan alta!
Papá la abrazó con cariño.
—Todo es posible cuando usamos nuestra imaginación.
Pero la tarde aún no había terminado. Papá tomó un libro de cuentos y se sentó en el sofá.
—¿Qué tal si terminamos con una historia? —preguntó, invitando a Marta a sentarse a su lado.
Marta, aún emocionada, se acurrucó junto a su papá mientras él comenzaba a leer un cuento sobre un niño que viajaba a mundos lejanos montado en un dragón. A medida que las palabras salían del libro, Marta cerraba los ojos y se dejaba llevar por la historia, imaginando que ella también volaba sobre el dragón, cruzando cielos infinitos.
Y como he mencionado, no hay nada más que contar. Espero que les haya gustado la lectura y nos vemos en la próxima entrada al blog.
Lira.

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