La Nodriza de Medea.
El Pedagogo, o ayo de los hijos de Medea.
Medea.
Coro de Mujeres Corintias.
Creonte, rey de Corinto.
Jasón.
Egeo, rey de Atenas.
Un mensajero.
Los hijos de Medea.
EL PEDAGOGO: (Con los hijos de Medea). Antigua esclava del palacio de mi dueña: ¿por qué estás sola a la puerta reflexionando en tu infortunio? ¿Cómo es que Medea no apetece tu compañía?
LA NODRIZA: Anciano ayo de los hijos de Jasón: los buenos esclavos comparten las desventuras de sus amos y padecen también. Tan grande es mi dolor, que vengo a contar a la tierra y al cielo los infortunios de mi señora.
EL PEDAGOGO: ¿No cesa de gemir la desdichada?
LA NODRIZA: ¡Singular es tu candor! Ahora empieza; aún no ha llegado a la mitad del camino.
EL PEDAGOGO: ¡Nada sabe la inocente, si es lícito hablar así de nuestros señores, de sus males novísimos!
LA NODRIZA: Qué hay, ¡Oh anciano! Dímelo al instante. EL PEDAGOGO Nada; ya me arrepiento de haber hablado.
LA NODRIZA: Te ruego, por tu barba, que nada ocultes a tu consierva, que, si es necesario, guardará silencio.
EL PEDAGOGO: Oí a uno casualmente, fingiendo no escucharlo, y acercándome al juego de los dados, junto a la fuente sagrada de Pirene, en donde se reúnen muchos ancianos, que Creonte, señor de esta tierra, había decretado que los hijos y la madre la dejasen. No sé si ese rumor es o no cierto; yo quisiera que no lo fuese.
LA NODRIZA: Perdidos somos si al mal antiguo se añade el que anuncias, cuando aún no hemos apurado el primero.
EL PEDAGOGO: Pero tranquilízate, porque no conviene que lo sepa nuestra dueña, y calla la noticia.
LA NODRIZA: ¿Oís hijos, cuán cariñosos es con vosotros vuestro padre? No deseo que muera, es mi señor; pero es criminal su conducta con prendas tan caras.
EL PEDAGOGO: Entrad en el palacio, que no será inútil, ¡Oh hijos! Aléjalos tú cuanto puedas de su madre, y que no los vea airada. He observado el furor que expresaban sus ojos al mirarlos, como si algo tramara, y no se aplacará su ira, lo sé bien, como no la descargue en alguno. ¡Ojalá que la víctima sea algún enemigo, no un amigo!
MEDEA (Desde adentro): ¡Ay de mí, desventurada y mísera! ¡Ay de mis penas! ¡Ay de mí, ay de mí! ¿Cómo moriré al fin?
LA NODRIZA: Esto es lo que os decía, amados hijos; vuestra madre se agita, su bilis se remueve. Entrad pronto en el palacio, que no os vea; no os acerquéis a ella; guardaos de su índole cruel, y del ímpetu terrible de sus pasiones. Marchaos ya, entrad cuanto antes. Ya se levanta la nube; no tardará en estallar con mayor furia. ¿Qué hará en su rabiosa arrogancia, qué hará su ánimo implacable, aguijoneado por el infortunio?
MEDEA: ¡Ay, ay, ay, ay de mí! ¡Qué males sufro, mísera! ¡Qué males sufro tan deplorables! ¡Hijos malditos de funesta madre: que perezcáis con vuestro padre; que todo su linaje sea exterminado!
LA NODRIZA: ¡Ay de mí, ay de mí, ay de mí desventurada! ¡Por qué han de espiar tus hijos las faltas de su padre! ¡Ay de mí! ¡Pobres hijos! ¡Cuánta es mi angustia, cuánto mi deseo de que nada sufráis! Crueles son los tiranos, y como mandan mucho y obedecen poco, difícilmente se aplacan sus iras. Mejor es acostumbrarse a vivir modestamente. Que yo envejezca tranquila, no rodeada de magnificencia. El solo nombre de medianía es ya grato, su posesión, el mayor beneficio de que disfrutan los mortales; nunca los excesos aprovechan a los hombres; al contrario, mayores son las calamidades que los dioses, cuando se enfurecen, lanzan contra las familias. He oído las voces, he oído los clamores de la desdichada que nació en Colchos, y cuya ira no se ha mitigado todavía. Cuéntanos, ¡Oh anciana!, lo que sucede; he oído lamentos en ese palacio de doble puerta, y no me placen los infortunios de esa familia, ¡Oh mujer!, a quien tengo afecto.
LA NODRIZA: Ya no existe; merced a estos sucesos ha desaparecido. Él duerme ahora en regio tálamo; la dueña se consume en su lecho, y no tiene amigos que la consuelen.
MEDEA: ¡Ay, ay! ¡Que el fuego del cielo me abrase! ¿Qué gano yo con vivir? ¡Ay, ay! ¡Que la muerte me arrebate esta triste vida!
EL CORO: ¿No habéis oído Júpiter, tierra y luz, las voces de la infeliz esposa? ¿No ves que tu insaciable deseo al verte sola en tu lecho, ¡Oh insensata!, precipitará tu muerte? Vano será tu anhelo. Si tu marido descansa en nuevo tálamo, no te enfurezcas contra él, que Júpiter te vengará. No te contristes más de lo justo llorando a tu compañero.
MEDEA: ¡Oh magna Temis y reverenda Diana!; ¿veis lo que sufro a pesar de los sagrados juramentos que ligan a mi execrable esposo? Ojalá que lo vea con su esposa, ya que han osado ofenderme primero, bajo las ruinas de su palacio, ¡Oh ciudad! ¡Oh padre!, a quienes abandoné torpemente después de matar a mi hermano.
LA NODRIZA: Ya oís lo que dice, y cómo invoca a Temis y a Júpiter, a quienes los hombres miran como a defensores de los juramentos. No es posible que mi señora aplaque fácilmente sus iras.
EL CORO: Ojalá que Medea se presente y atienda mis ruegos, si se ha de mitigar su furiosa ira y los ímpetus de su rabia. Nunca faltaré yo a los deberes de la amistad. Ve, pues, y sácala de su palacio, y dile que la amamos; apresúrate, antes que descargue su furor en los que están dentro; las lágrimas corren aquí con furia.
LA NODRIZA: Así lo haré, aunque no tengo confianza en persuadir a mi señora; os complaceré, sin embargo, aunque se lanza contra sus servidores como leona recién parida, si alguno se acerca a hablarle. No errarás si llamas necios e impudentes a los hombres de los pasados tiempos, que para regocijo de la vida inventaron los himnos en fiestas, banquetes y cenas, y ninguno intentó disiparla con la música o el canto, acompañado de muchas liras, y por eso los asesinatos y las más fatales desgracias arruinan a las familias. Ventajoso hubiera sido curar con el canto los males de los hombres; porque en un alegre festín, ¿a qué modular la voz agradablemente? Él solo, si es espléndido, deleita a los mortales.
EL CORO: He oído lúgubres clamores, he oído lamentos; quejase amargamente del traidor a quien dio su mano, de su malvado esposo. Llena de ignominia invoca a Temis, hija de Júpiter, defensora de los juramentos, que la arrastró a la Grecia enfrente de su patria, atravesando de noche los mares hasta llegar a este salado y marino estrecho, de difícil paso.
[...]
Hasta aquí les puedo compartir. El resto de lectura, a partir de la página 4, en este enlace:
https://guardianesdelexico.wordpress.com/wp-content/uploads/2009/07/medea-de-euripides.pdf
Por último les dejo información adicional sobre Medea a través de una pintura al oleo de Hermán Hernández Amores.
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/medea-con-los-hijos-muertos-huye-de-corinto-en-un/861ddfe9-cef3-4428-832b-cafe0196ec17#:~:text=Es%20esposa%20de%20Jas%C3%B3n%20y,sagrado%20de%20Hera%2C%20en%20Atenas.
Eso es todo por hoy. ¡Espero que les haya gustado la entrada de la semana y nos vemos en la próximaaa!
Lira.
PD: Tu Manga Online (TMO) cayó por la ley anti piratería, y por culpa de los Coreanos y Españoles que se pusieron de acuerdo en denunciar la página. Que por cierto, aquí funciona de maravilla. Pero es lo último en noticias frikis, junto con la censura.
.png)
.png)
Comentarios
Publicar un comentario