Imagen original sacada de la obra de teatro de La Asociación Cultural Isabel de Villena. Disponible en YouTube. Hola, Hola, estimad@s lector@s de MundoLiral. Espero que estén muy bien. Comenzamos otra semana con buena actitud y reinicios de actividades y perseverancia para nuevas oportunidades en la vida. Hoy no me levante de buenas, con muchas cosas en mente, pro igual uno debe salir adelante con las actividades agendadas para no sentir que no hago nada por la vida, aunque sea mínimo, aunque no sea relevante para los demás.
El día de hoy les comparto una lectura un poco larga, pero divertida y reflexiva, que estoy segura que les va a subir los ánimos de comienzos de semana. Pero antes, quiero contarles una cosa, es sobre la entrada dramática y cuestionable que subí el viernes. ¿Qué creen? Tuve mi primera controversia cancelada de alguien de la familia que se ha tomado la molestia de leer a medias la sección de "recuentos" y se lo ha dicho a mi madre. Ella, toda enojada y ofendida me ha reclamado sobre el montón de "pendejadas" (según ella) que he escrito. Bueno, aclaremos las cosas, en parte si tiene razón, me exprese sin ninguna clase de discreción y sensibilidad posible para alguien profesional como yo.
Entiendanme, estuve tres días guardando la frustración de sentirme varada en medio del océano sin saber a donde exactamente ir (estoy dando una alegoría de mi estado emocional), además, como se que nadie me lee y pasan de largo de mi cada que publico algo del taller y del blog, pensé que iba a quedar como cuento dramático. Admito que estuvo mal, para la próxima tendré cuidado con dirigirme a la gente de mi alrededor y los malos pensamientos rondando por mi cabeza por desesperación.
Por otro lado, a la persona que le chismeó las partes malas, sin considerar el contexto detrás de ellas y las cosas buenas que también traté en la entrada anterior, le pido encarecidamente que chisméé bien antes de soltar palabras. Si, son una mierda por no comprenderme ni considerar en la mala situación emocional y mental en la que me encuentro atormentada por el declive de mi taller de escritura por encargo, no encuentro trabajo de nada por más CV que envió y no puedo hacer una maestría porque para ello se necesita dinero, cosa que no tengo suficiente. Entre otras cosas que dan vueltas y vueltas en mi cabeza y no puedo apagarlo. Intento distraerme, pero esos pensamientos igual me invaden en el mínimo momento de relajación.
Tú, chismos@ que ya sé quien eres. Ocupate de tus propios asuntos si no vas a dar una mano en mis problemas y si he dicho esas cosas, es porque es la realidad... mi realidad. Conmigo son así y tengo el derecho de expresarlos y defenderme a mi misma de los abusos emocionales que me han causado por años. Ya estoy harta de que gente como ustedes quiera siempre hacerme a un lado y pisotearme por todo.
En fin, de vuelta al tema principal. La lectura de la semana se trata de una obra teatral de la antigüedad escrita por Aristófanes que relata lo que sucedió después de la guerra de Peloponeso, donde un grupo de mujeres, para garantizar ser escuchadas y demostrar que también pueden tener derecho a la opinión y el voto, se disfrazan de hombres para entrar a una asamblea.
La versión que les comparto en el siguiente enlace, es una traducción de José L. Navarro González.
https://us.docworkspace.com/d/sbNa4hRpIqluPIFr_bwlibolyfkpyvk56zc?sa=601.1037
A continuación les comparto un poco del contexto de la obra que viene incluido en el archivo del enlace compartido y un fragmento de la obra. El resto se los dejo de tarea.
LA ASAMBLEA DE LAS MUJERES, de Aristófanes
Contexto histórico y argumento
La Guerra del Peloponeso ha terminado (404 a.C.) con la sorprendente y un tanto inesperada victoria de los Espartanos sobre los atenienses. Esa derrota supone el final de la democracia y el inicio de un régimen autoritario, que se plasmará en el llamado Consejo de los Treinta, un organismo que rigió los destinos de Atenas durante casi un año. Aunque breve, durante su gobierno se produjo la matanza del 5% de la población, la confiscación de propiedades a los ciudadanos y el exilio de demócratas. A ese Consejo le sucedió uno más restringido, formado por Diez Oligarcas. Tanto uno como otro suprimieron las libertades democráticas e impusieron una estricta y férrea censura sobre una serie de manifestaciones artísticas, filosóficas y literarias. El teatro, como es natural, no fue una excepción, por lo que los atenienses quedaron sumidos en el desánimo y la desesperación añorando los valores democráticos perdidos.
En ese marco, Aristófanes, que había sido testigo de excepción de la Guerra del Peloponeso y que había dejado oír su voz pacifista en varias comedias -La Paz, Los Acarnienses, Lisístrata- estrena, en 392, cuando comienza a atisbarse un poco de luz al final del túnel oligárquico, la comedia ASAMBLEA DE LAS MUJERES. Siguiendo en su línea de mezclar realidad y fantasía, el comediógrafo da una vuelta de tuerca más y se adentra por los caminos que conducen a la utopía, tal y como sucederá en PLUTO, su producción inmediatamente posterior. Propone Aristófanes situaciones inimaginables, que, al menos por un rato, hagan ilusionarse y evadirse al pueblo ateniense, el cual ha podido volver –aunque con sordina- al teatro.
Praxágora, una mujer ateniense, logra convencer a un grupo nutrido de casadas atenienses para que acudan a la Asamblea disfrazadas de hombres, tomando a escondidas las ropas y los bastones de sus maridos. Allí conseguirán que se apruebe la resolución que ellas proponen: que vista la incapacidad de los hombres que gobiernan en Atenas, se les entreguen las riendas de la ciudad a las ellas. Los maridos, mientras tanto, comentan entre ellos que algo extraño parece ocurrir en todos los hogares; faltan sus ropas, las esposas parece que han salido en contra de la costumbre, etc. Uno de esos esposos burlados viene de la plaza y dice a los demás que las mujeres administrarán los asuntos del Estado. Y… ¿Cuál es su programa de gobierno? Praxágora se lo explicará a Blépiro su marido, que no dará crédito. En efecto, las mujeres proponen, en palabras literales de la propia Praxágora, “un comunismo perfecto” basado en la supresión de la propiedad privada, la disolución de la familia y el llamado amor libre.
A esta parte, digamos teórica, del programa siguen un par de escenas en las que se intenta escenificar en la práctica ese programa de gobierno que Praxágora propone. Un ciudadano sí quiere aportar sus bienes al fondo común y otro no…Más adelante un joven quiere pasar la noche con una hermosa joven pero la ley dice que antes hay que pasarla con una mujer madura y antes con una vieja… para que todos puedan disfrutar por igual de los goces del amor… Una llamad a la fiesta y al Banquete final pone fin a ese desenlace abierto para que sea el espectador el que juzgue si verdaderamente sería posible intentar poner en práctica la revolución diseñada por las mujeres. Aristófanes no se pronuncia al respecto. Somos los demás quienes tenemos la última palabra…
La escena representa una plaza, en Atenas, donde están la casa de Praxágoras y otras
dos casas. Praxágoras sale de la suya disfrazada de hombre con una lámpara en la
mano.
PRAXÁGORA.- (Adelantándose con una lámpara en la mano). Brillante resplandor de mi lámpara de arcilla, que desde esta altura
atraes todas las miradas; tú, cuyo nacimiento y aventuras quiero celebrar, hija de la rápida rueda del alfarero, émula del sol por el fulgor radiante de tu pábilo, haz con los movimientos de tu llama la convenida señal! Tú eres la única confidente de nuestros secretos, y lo eres con motivo, pues cuando en nuestros dormitorios ensayamos las diferentes posiciones del amor, sola nos asistes y nadie te rechaza por testigo de sus voluptuosos movimientos. Tú sola, al abrasar su vegetación feraz, iluminas nuestros recónditos encantos.
Tú sola nos acompañas cuando furtivamente penetramos en las despensas llenas de báquicos néctares y sazonadas frutas; y, aunque cómplice de nuestras fechorías, jamás se las revelas a la vecindad. Justo es, por tanto, que sepas también los actuales proyectos aprobados por las mujeres mis amigas en las fiestas de los Esciros. Pero ninguna de las que deben acudir se presenta, y empieza ya a clarear el día y de un momento a otro dará comienzo la asamblea. Es necesario apoderarnos de nuestros puestos que, como ya recordaréis, dijo el otro día Firómaco, deben ser los otros, y una vez sentadas, mantenernos ocultas. ¿Qué les ocurrirá? ¿Quizá no habrán podido ponerse las barbas postizas, como quedó acordado? ¿Les será difícil apoderarse de los trajes de sus maridos? –¡Ah! Allí veo una luz que se aproxima. Voy a retirarme un poco, no sea un hombre.
MUJER 1.- Ya es hora de marchar: cuando salíamos de casa, el gallo ha cantado por segunda vez.
PRAXÁGORA.- Yo he pasado toda la noche en vela esperándoos. Aguardad, voy a llamar a esta vecina arañando suavemente su puerta, pues es preciso que su marido nada note.
MUJER 2.- Ya he oído, al ponerme los zapatos, el ruido de tus dedos, pues no estaba dormida; pero mi esposo, que es un marinero de Salamina, no me ha dejado descansar en toda la noche; en este momento, he podido por fin apoderarme de sus vestidos.
MUJER 1.- Ya vienen Clináreta, Sóstrata y su vecina Filéneta.
PRAXÁGORA.- ¡Apresuraos! Glice ha jurado que la que llegue la última pagará en castigo tres vasos de vino y un puñado de garbanzos.
MUJER 1.- ¿Ves a Melística, la mujer de Esmicition, que viene con los zapatos de su marido? Esa es la única, a mi parecer, que se ha separado sin dificultad de su esposo.
MUJER 1.- Mirad a Gensístrata, la mujer del tabernero, con su lámpara en la mano, acompañada de las esposas de Filodoreto y Querétades.
PRAXÁGORA.- Veo también a otras muchas, flor y nata de la ciudad, que se dirigen hacia nosotras.
MUJER 3.- Querida mía, me ha costado un trabajo infinito el poder escaparme de casa sin que me vieran. Mi marido ha estado tosiendo toda la noche por haber cenado demasiadas sardinas.
PRAXÁGORA.- Sentaos; y ya que estáis reunidas, decidme si habéis cumplido o no lo que acordamos en la fiesta de los Esciros.
MUJER 4.- Yo, sí. Lo primero que hice, como convinimos, fue ponerme los sobacos más hirsutos que un matorral. Después, cuando mi marido se iba a la plaza, me untaba con aceite de pies a cabeza y me tostaba al sol durante todo el día.
MUJER 5.- Yo también he suprimido el uso de la navaja, para estar completamente velluda y no parecer mujer en nada.
PRAXÁGORA.- ¿Traéis las barbas con que acordamos presentarnos en la asamblea?
MUJER 4.- ¡Por Hécate! Yo tengo una hermosísima.
MUJER 5.- Y yo, otra más bella que la de Epícrates.
PRAXÁGORA.- Y vosotras, ¿qué decís?
MUJER 4.- Hacen señas afirmativas.
PRAXÁGORA.- También veo que os habéis provisto de lo demás, pues traéis calzado espartano, bastones y trajes de hombre, como dijimos.
MUJER 6.- Yo traigo el bastón de Lamia, a quien se lo he quitado mientras dormía.
PRAXÁGORA.- Es uno de aquellos bastones bajo cuyo peso se doblega.
MUJER 6.- ¡Por Zeus salvador! Si ese hombre se pusiera la piel de Argos, sería el único para administrar la cosa pública.
PRAXÁGORA.- Ea, mientras hay todavía estrellas en el cielo, dispongamos lo que debemos hacer, pues la asamblea, para la cual venimos dispuestas, comenzará con la aurora.
MUJER 1.- ¡Por Zeus! Tú debes tomar asiento al lado de la tribuna, frente a los Pritanes.
MUJER 7.- Yo me he traído esta lana para hacer punto durante la asamblea.
PRAXÁGORA.- ¿Durante la asamblea? ¡Idiota!
MUJER 7.- ¡Por supuesto! ¿Dejaré de oír porque esté haciendo punto? Tengo a mis hijos desnudos.
PRAXÁGORA.- ¡Esta quiere hacer punto cuando es preciso no dejar ver a los asistentes ninguna parte de nuestro cuerpo! ¡Estaría bonito que en medio de la multitud una de nosotras se lanzase a la tribuna y se dejase ver al natural! Por el contrario, si envueltas en nuestros mantos ocupamos los primeros puestos, nadie nos reconocerá; y si además sacamos fuera del embozo nuestras soberbias barbas y las dejamos extenderse sobre el pecho, ¿quién será capaz de no tomarnos por hombres? Agirrio, gracias a la barba de Prónomo, engañó a todo el mundo: antes era mujer, y ahora, como sabéis, ocupa el primer puesto en la ciudad. Por tanto, yo os conjuro por el día que va a nacer, a que acometamos esta audaz y grande empresa para ver si logramos apoderarnos del gobierno en pro de la ciudad; porque al presente ni a remo ni a vela se mueve la nave del Estado.
MUJER 7.- Pero, ¿cómo podrán encontrarse oradores de una junta de mujeres?
PRAXÁGORA.- Nada más fácil. Es cosa corriente que los jóvenes más disolutos sean en general los de mejor palabra y, por fortuna, esta condición no nos falta a nosotras.
MUJER 7.- No sé, no sé; la inexperiencia es peligrosa.
PRAXÁGORA.- Por eso mismo nos hemos reunido aquí, para preparar nuestros discursos. Vamos, poneos pronto las barbas, tú y todas las que se han ejercitado en hablar.
MUJER 8.- Pero loca, ¿quién de nosotras no sabe hablar?
PRAXÁGORA.- Ea, ponte la barba y conviértete cuanto antes en hombre. Aquí dejo las coronas; ahora me voy a plantar yo también la barba, por si acaso tengo necesidad de decir algo.
MUJER 2.- Querida Praxágora, ¡mira, mira qué ridiculez!
PRAXÁGORA.- ¿Cómo, ridiculez?
MUJER 2.- Nuestras barbas parecen una sarta de calamares asados.
PRAXÁGORA.- Purificador, da vuelta con el gato; adelante; silencio, Arifrades, pasa y ocupa tu puesto. ¿Quién quiere usar de la palabra?
MUJER 8.- Yo.
PRAXÁGORA.- Ponte esta corona, y buena suerte.
MUJER 8.- Ya está.
PRAXÁGORA.- Principia, pues.
MUJER 8.- ¿Antes de beber?
PRAXÁGORA.- ¿Cómo beber?
MUJER 8.- Pues si no, necia, ¿para qué necesito la corona?
PRAXÁGORA.- Vete; quizá allí nos hubieras hecho lo mismo.
MUJER 8.- Pero, ¿suelen beber los hombres en la asamblea?
PRAXÁGORA.- ¡Y vuelta a beber!3
MUJER 8.- Sí, por Ártemis; y de lo más puro. Por eso, a los que los examinan y estudian detenidamente les parecen sus insensatos decretos resoluciones de borrachos. Además, si no hubiese vino, ¿cómo harían las libaciones a Zeus y demás ceremonias? Por otra parte, suelen maltratarse como personas que han bebido demasiado, y los arqueros se ven obligados a llevarse de la asamblea a más de un borracho revoltoso.
PRAXÁGORA.- Vete y siéntate; no sirves para nada.
MUJER 1.- Para eso maldita la falta que me hacía el haberme puesto la barba; la sed me abrasa las entrañas.
PRAXÁGORA.- ¿Hay alguna otra que quiera hablar?
MUJER 1.- Yo.
PRAXÁGORA.- Pues ponte la corona; la cosa marcha. Procura pronunciar un discurso bello y vigoroso, apoyándote con majestuosidad sobre tu báculo.
MUJER 1.- «Hubiera deseado ciertamente que cualquiera de los que están avezados a las lides oratorias me hubiera permitido con lo excelente de sus proposiciones permanecer tranquilo en mi lugar; mas no puedo consentir, por lo que a mí respecta, que en las tabernas se construyan aljibes. ¡No, por las dos diosas!...»
PRAXÁGORA.- ¡Por las dos diosas! ¿En qué estás pensando, desdichada?
MUJER 1.- ¿Qué hay? Todavía no te he pedido de beber.
PRAXÁGORA.- Es verdad; pero, siendo hombre, has jurado por las dos diosas; lo demás ha estado bien.
MUJER 1.- Tienes razón, por Apolo.
PRAXÁGORA.- ¡Basta! No doy un paso para ir a la asamblea sin que todo quede perfectamente arreglado.
MUJER 1.- Dame la corona; voy a arengar de nuevo. Ahora ya creo que lo he pensado bien. «En cuanto a mí, ¡oh mujeres aquí reunidas...!»
PRAXÁGORA.- ¡Desdichada! Ahora dices «mujeres», en vez de hombres.
MUJER 1.- Epígono tiene la culpa. Le estaba mirando y he creído que hablaba delante de mujeres.
PRAXÁGORA.- Retírate a tu asiento. Yo misma hablaré por vosotras y me ceñiré la corona, pidiendo antes a los dioses que concedan un éxito feliz a nuestra empresa. «La felicidad de este país me interesa tanto como a vosotros, y me conduelen y lastiman los desórdenes de nuestra ciudad. La veo, en efecto, siempre gobernada por perversos jefes, y considero que si uno llega a ser bueno un sólo día, luego es malo otros diez. ¿Queréis encomendar a otro el gobierno? De seguro que será peor. Difícil es, ciudadanos, corregir ese vuestro descontentadizo humor, que os hace temer a los que os aman y suplicar incesantemente a los que os detestan.
Hubo un tiempo en que no teníamos asambleas, y pensábamos que Agirrio era un bribón; hoy que las tenemos, el que recibe dinero no tiene boca para ponderarlas; mas el que nada recibe, juzga dignos de pena capital a los que trafican con las públicas deliberaciones.»
MUJER 1.- ¡Muy bien dicho, por Afrodita!
PRAXÁGORA.- ¡Infeliz, has nombrado a Afrodita! Nos dejarás lucidas si sales con esa pata de burra en la asamblea.
MUJER 1.- Pero no lo diré.
PRAXÁGORA.- Bueno es que no te acostumbres. «Cuando deliberábamos sobre la alianza, todo el mundo decía que era inminente la perdición del Estado si no se llegaba a hacer; se hizo por fin, y todo el mundo lo llevó tan a mal, que el orador que la había aconsejado huyó y no ha vuelto a aparecer. Es necesario armar naves –sostienen los pobres–. No es necesario –opinan los labradores y los ricos–. ¿Os indisponéis con los Corintios? Ellos os pagan en la misma moneda. Ahora, pues, que los tenéis amigos, sedlo vosotros también. El argivo es ignorante; pero Hierónimo es un sabio. ¿Asoma una ligera esperanza de salvación? Enseguida la rechazáis... Ni
el mismo Trasíbulo, si fuese llamado...»
TODAS.- ¡Qué hombre tan hábil!
PRAXÁGORA.- Ese elogio ya está en regla. «Tú, oh pueblo, eres la causa de todos estos males! Pues te haces pagar un sueldo de los fondos del Estado, con lo cual cada uno mira sólo a su particular provecho, y la cosa pública anda cojeando como Esimo. Pero si me
atendéis, aún podréis salvaros. Mi opinión es que debe entregarse a las mujeres el gobierno de la ciudad, ya que son intendentes y administradoras de nuestras casas.»
TODAS.- ¡Bravo!, ¡bravo!, ¡bravo! Prosiga, amigo, prosiga.
PRAXÁGORA.- «Os demostraré que son infinitamente más sensatas que nosotros. En primer lugar, todas, según la antigua costumbre, lavan la lana en agua caliente, y jamás se las ve intentar temerarias novedades. Si la ciudad de Atenas imitase esta conducta y se dejase de innovaciones peligrosas, ¿no tendría asegurada su salvación? Se sientan para freír las viandas, como antes;
llevan la carga en la cabeza, como antes; celebran las Tesmoforias, como antes; amasan las tortas, como antes; hacen rabiar a sus maridos, como antes; ocultan en casa a los galanes, como antes; sisan, como antes; les gusta el vino puro, como antes, y se complacen
en el amor, como antes. Entregándoles, ¡oh ciudadanos!, las riendas del gobierno, no nos cansemos en inútiles disputas ni les preguntemos lo que van a hacer; dejémoslas en plena libertad de acción, considerando solamente que, como son madres, pondrán todo
su empeño en economizar soldados. Además, ¿quién les suministrará con más celo las provisiones que la que les parió? La mujer es ingeniosísima, como nadie, para reunir riquezas; y si llegan a mandar, no se las engañará fácilmente, por cuanto ya están acostumbradas a hacerlo. No enumeraré las demás ventajas; seguid mis consejos y seréis felices toda la vida.»
MUJER 1.- ¡Divina, admirable, dulcísima Praxágora! ¿Dónde has aprendido a hablar tan bien, amiga mía?
PRAXÁGORA.- En el tiempo de la fuga habité con mi esposo en el Pnix, y, a fuerza de oír a los oradores, he aprendido a arengar.
MUJER 1.- Ya no me extraña que seas tan hábil y elocuente. Tú serás nuestro jefe; procura poner en práctica tus proyectos. Pero si Céfalo se lanza sobre ti para injuriarte, ¿cómo le replicarás en la asamblea?
PRAXÁGORA.- Le diré que delira.
MUJER 1.- Eso lo sabe todo el mundo.
PRAXÁGORA.- Que es un atrabiliario.
MUJER 1.- También eso se sabe.
PRAXÁGORA.- Que es tan buen político como mal alfarero.
MUJER 1.- ¿Y si te insulta el legañoso Neóclides?
PRAXÁGORA.- A ése le diré que vaya a mirar por el trasero de un perro.
MUJER 1.- ¿Y si te empujan?
PRAXÁGORA.- Les empujaré yo; en ese ejercicio pocos me ganarán.
MUJER 1.- En una cosa no hemos pensado: si te llevan los arqueros, ¿qué harás?
PRAXÁGORA.- Me defenderé poniéndome así, en jarras, y no me dejaré coger por medio del cuerpo.
MUJER 1.- Si te sujetan, nosotras les diremos que te suelten.
MUJER 2.- Todo eso está perfectamente dispuesto; pero de lo que no nos hemos ocupado es de la manera de levantar las manos en la
asamblea; nosotras que sólo estamos acostumbradas a levantar las piernas.
PRAXÁGORA.- Eso es lo difícil, y, sin embargo, no hay más remedio que alzar las manos descubriendo el brazo hasta el hombro. Vamos, levantaos las túnicas y poneos pronto los zapatos espartanos, como habéis visto que lo hacen nuestros maridos todos los días al salir o al dirigirse a la asamblea. En cuanto os hayáis calzado perfectamente, sujetaos las barbas; después de atadas éstas con todo esmero, envolveos en los mantos robados a vuestros esposos, y marchad, apoyándoos en los bastones y entonando alguna vieja canción, a imitación de los campesinos.
MUJER 2.- Bien dicho; pero cojámosles la delantera, pues creo que otras mujeres vendrán del campo a la Pnix.
PRAXÁGORA.- Apresuraos; ya sabéis que los que no están en la Pnix desde el amanecer, vuelven sin recibir el menor regalo.
CORO.- Llegó el momento de partir, ¡hombres! (Esta palabra no debe caérsenos nunca de la boca por temor o por descuido, porque, a la verdad, no lo pasaríamos bien, si se nos sorprendiera fraguando esta conspiración en las tinieblas). Hombres, vamos a la asamblea. El Tesmoteta ha dicho que todo el que a primera hora y antes de disiparse las tinieblas de la noche no se haya presentado cubierto de polvo, contento con su manojillo de ajos, y mirando severamente, se quedará sin el trióbolo. Caritímides, Esmícito, Draces, apresuraos y procurad no olvidar nada de lo que es necesario hacer. Cuando hayamos recibido nuestro salario, sentémonos juntos para votar decretos favorables a nuestras amigas. ¿Qué estoy hablando? Quería decir nuestros amigos. Procuremos expulsar a los que vengan de la ciudad; antes, cuando sólo recibían un óbolo por asistir a la asamblea, se estaban de tertulias charlando con sus convidados, pero ahora la concurrencia es extraordinaria. En el arcontado del valiente Pericles nadie se hubiera atrevido a cobrar sueldo por su intervención en los negocios públicos, sino que todo el mundo acudía trayéndose su botita de vino con un pedazo de pan, dos cebollas y tres o cuatro aceitunas. Hoy, en cuanto se hace algo por el Estado, se reclama el trióbolo, como un mercenario albañil. (Se van).
¿A qué es muy entretenido? Si quieren saber que sucedió después, lean la obra completa en el enlace que les deje arriba. Cuando lo leí en mis tiempos de universitaria, me terminó gustando y arrancando unas risas al verlas tan bien desempeñar el rol de sus esposos en la asamblea.
Para l@s que no le gustan leer, les dejo la versión teatral contemporánea realizado por l'Associació Cultural Isabel de Villena.
https://www.youtube.com/watch?v=9vOlEznZhagEso es todo por el día de hoy. Espero que les haya gustado la lectura, comenten sus impresiones, apuntes, o lo que gusten compartir con Lira y si quieren que les traiga más lecturas de obras Griegas antiguas. Tengo la obra de la mujer despechada que envenena con un manto a la amante de su ex y de paso también desvive a sus hijos que se los lleva en un carruaje con dos dragones (Medea de Eurípides)
Nos vemos en la próxima entrada Lira. Lira se procurará de ser más cuidadosa con sus expresiones. ¡Saludos!
Lira.
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