Buenas, buenas; estimad@s lector@s de MundoLiral. Espero que se encuentren muy bien. Estamos viernes, final de semana. Uff, el tiempo se va muy rápido. La otra semana estamos en abril.
Y nada, aquí varada en medio de la nada, aferrándome a lo que tengo y buscando las formas de sobrevivir con señales de auxilio hasta ver tierra a la vista o algún barco me vea y se apiade de esta naufraga. Si no sabe, estoy siendo metafórica con mi situación de encontrar empleo. Aunque claro, esta metáfora es todo un cliche.
En fin, hoy traigo una anécdota que merece ser compartida y registrada en el blog. Como ya se darán una idea en el título, les contaré una historia interminable que trae consigo un largo historial de derrotas, traiciones del repelente y alergias dermatológicas que duran por días. Y de paso, a exponer a mis enemigos eternos y jurados que son reales: las arenillas.
Pongase comod@s, traigan botanas y pelen bien esos ojos que vengo hasta con ficha técnica de mis enemigos y una oda dedicada.
Desde la infancia hasta la actualidad he viajado de dos a tres veces al año con mi familia (y ahora sola) al campo, donde viven mi tía T y mi difunto tío C. Pese a que el tiempo pasa, uno se vuelve más consciente de su entorno y de los cambios que sufren las infraestructuras (mejoras), la gente y los recursos disponibles. De mis visitas al campo hay cuatro cosas que no me hacen sentir del todo cómoda: 1. solo usar pijamas, ropa larga y andar con el repelente en la mano. 2. Los olores desagradables que emanan de algunas partes. 3. La comida y utensilios que huelen raro (aunque la tía T cocina rico). 4. Los bichos que no te dejan en paz, ni para dormir.
Los bichos entrometidos son el principal problema. Entre ellos están las Arenillas o, comúnmente conocidas como jejenes, llamados así porque son jodidamente diminutas las condenadas que se necesita una lupa para verlas. Te atacan sin importarles si tienes repelente puesto y estas totalmente cubierta de pies a cabeza, te dejan unas ronchotas rojas en la piel que pican bastante. es inevitable no rascarse. Las detesto, cada vez que me voy para allá no dudan en atacarme durante todo el día. Y por más que me defienda, salgo perdiendo. Peor si es en el último día que toca partir para la casa. Como que su sentido insectoide se activa y más atacan las malditas.
Sus areas favoritas son los brazos, los tobillos, pies y torso. Sin mencionar que también pican entre los plieges. Y acabo de enterarme que estas malditas, aparte de fastidiosas chupasangre son transmisoras de una enfermedad llamada leishmaniasis que causan úlceras en la piel.
Datos generales del enemigo (cortesía de CNN España)
Identificación: Son moscas muy pequeñas, de color castaño claro, con alas lanceoladas, grandes ojos negros y patas largas.
Comportamiento: Solo las hembras pican, buscando sangre para madurar sus huevos.
Riesgo: Son los principales vectores de la leishmaniasis, una enfermedad tropical que causa úlceras en la piel.
Prevención: Se recomienda usar repelente (con 10%-30% DEET), vestir pantalones largos y camisas de manga larga, especialmente cerca de ríos.
Tratamiento de picadura: Lavar con agua y jabón, aplicar antiséptico y cremas para la picazón.
Y se preguntaran, ¿Cómo podemos deshacernos de esas cosas microscópicas?
Se puede ir por la opción pacífica de usar tópicos y repelentes anti-insectos, usar plantas de menta o lavanda como repelentes naturales para ahuyentarlas. O, ir a por la artillería pesada: la Permetrina, que es un tratamiento antiparasitario contra la sarna y piojos. Eso las paraliza y mata a ellas junto a toda su descendencia por completo sin dejar rastros de evidencia.
Una alternativa accesible para matarlas es comprar un tubo de Sarnol Crema cuyo costos están entre los 5-6 dólares.
Sabiendo está valiosa información, para la próxima visita que haga al campo, compraré esa crema y me la pondré. Ya es hora de una revancha definitiva contra mis enemigas.
Ahora... para cerrar este capítulo se viene un pequeño texto que escribí hace tiempo sobre estos bichos que tengo guardado junto a manuscritos originales, dibujitos y muchas páginas de historias, ideas sueltas y dinámicas a mano con imágenes impresas. Me he pasado un buen rato revisando esos materiales nostálgicos para encontrar el pequeño fragmento original de 14 líneas.
Arenillas: El ataque
Contaré la anécdota de cada ocasión cuando visitamos a mis tíos en El Empalme, más o menos, su casa queda por el sector del banco, comuna Unidos para Vencer a las afueras del pueblo (vía Quevedo). Por esos lares donde hay arboles, animales, caminos terrosos y frondosidad alrededor, hay un ser vivo, bueno, varios seres vivos diminutos como una partícula que atacan cada vez que vengo de visita con mis padres a dicho lugar.
Son como ninjas (las arenillas). Te pican cuando no te das cuenta y menos lo esperas; el pestañear es lo inconsciente. Si, hablo de unos bichitos tan, pero tan diminutos que pican como los mosquitos (pero en peor) Las arenillas, esos bichos astutos, rastreros, chupasangres; más astutos que los mosquitos promedio, pero son letales porque pican hasta por encima de la ropa y directamente en la piel expuesta, aunque sea un milímetro o te hayas puesto el repelente anti-bichos.
Resulta que, en mi última visita al campo, que fue hace dos o tres semanas, mi madre y yo, por culpa de la tranvía que no entró al pueblo; se vino directamente a vía Quevedo (puede que en ese tiempo hayamos viajado en un Tía) Nos quedamos en la entrada al Banco. No compramos repelente (debimos hacerlo previo al viaje), y le dije a ella que compraramos uno antes de venir o llegando al pueblo, pero ni caso me hizo... (...)
Y el resto, queda a la interpretación de uno, porque yo del pasado se quedo a mitad de la anécdota. Pero no se preocupen, sabiendo como se dirige todo, lo más probable es que, por no llevar fusil, los enemigos se hicieron un banquete conmigo durante la estancia al campo de ese tiempo.
En fin, eso es todo por hoy. Espero que les haya gustado la anécdota de Lira de hoy cargada de información de que tan letal son estos bichos y con consejos para protegerse/acabar con ellas de una vez por todas.
¡Nos vemos en la próxima entrada! ¡Besos!
Lira
-imagen del fragmento original escrito hace casi 8 años, sin fecha registrada-
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