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Reseñas Lira: Los personajes de El mundo de afuera



Hola Hola, estimados y estimadas lector@s de Mundo Lira. Espero que se encuentren muy bien.

Demos inicio a un nuevo mes con la certeza de que nos vaya muy bien y con una reseña de un libro que me ha gustado mucho y quise hacerle una crítica (¿destructiva?) desde el enfoque de construcción y estructuración de los personajes. 

En esta sección de Reseñas Lira traemos a ustedes: El mundo de afuera del colombiano Jorge Franco.

Desde aquí aviso que la reseña, además de tener una considerable extensión, tiene narrativa satírica, directa y demasiado subjetiva al estilo chismes de señoras de barrio popular. Si no se sienten comod@s con este estilo, pueden dejar de leer, no pasará nada. Caso contrario, si te gusta este estilo, espero que disfrutes tu lectura. 

Sin más preámbulos... ¡Que venga la reseña!


Gentío y Clasistas: una mirada hacia los habitantes de El mundo de afuera 



El Mundo de Afuera, del colombiano Jorge Franco, conocido por su obra adaptada a telenovela Rosario Tijeras, nos presenta en esta ocasión una impactante historia con toques mágicos tras la ejecución de un secuestro, temática muy famosa en la literatura colombiana donde encontramos un panorama de violencia enlazada con el narcotráfico. Esta obra de Franco está impregnada de eventos reales de la vida nacional. Basadas en el histórico secuestro del magnate de la industria Coltejer, Diego Echavarría Misas, que conmocionó a toda la nación, y, planteando un presagio del fenómeno que iba a expandirse en Medellín a partir de los años setenta.

La historia se centra en un hombre conocido como Mono Riascos y su banda, quienes secuestran a Diego Echavarría Misas el 8 de agosto de 1971, mientras ingresaba a su residencia, "El Castillo". Don Diego, acompañado de familiares y amigos, es neutralizado y amenazado por Mono Riascos, Caranga y El Cejón, para confinar al anciano en una finca en Santa Elena, a las afueras de Medellín, en condiciones precarias.

El mundo de afuera nos presenta una historia mágica que se desvanece por los tintes de la cruda violencia y agrega una pizca de sentimentalismo detrás del secuestro de Diego Echavarría Días por parte de Mono Riascos. Cabe señalar que Jorge Franco suele llegar a ser deficiente para mantener la “magia” de la narración o para cerrar finales, así como también para atar todos los cabos argumentales que dejó en el camino. 
Puede haber una razón por la que Editorial Alfaguara lo catalogó como la mejor novela en 2014, aparte de su tópico de violencia y crudeza de la realidad, y esa razón se debe a que sus personajes fueron creados como conceptos apegados al ser humano y por la ambientación.

Es evidente que Jorge Franco ha realizado un arduo trabajo de construcción de personajes a partir de la reportería para reconstruir los sucesos del Mundo de afuera desde las voces de los personajes principales. Además de la trama que gira en torno al "plan maestro” del secuestro y de los comienzos de la Colombia de Pablo Escobar; estos personajes están muy sujetos a actuar de acuerdo a sus propias creencias y su grado de formación, que resulta casi imposible conectar lo que sucede sin identificar referentes y eventos de la actualidad por ser temas de interés cotidiano.

Lo que más se encontrará en los personajes es esa humanidad orgánica de ser defectuosos y cometer errores, es decir, no son personajes perfectos e incluso, esos defectos se los señalará inconscientemente. Ese es el punto central de esta reseña del libro: juzgar a los personajes que conforman el mundo que habitan y observarlos como bichos raros que no encajan en ninguna parte del Serengueti urbano de nuestra realidad, pero en su realidad encajan como piezas de rompecabezas.

Comencemos por los personajes principales. Don Diego Echavarría es un personaje que representa todo lo clásico del "viejo mundo" o siglo pasado. Su fina forma de vestir, sus gustos y comportamientos elegantes lo catalogan como un personaje formidable. Su forma de vivir es como el de cuento de hadas en su magnífico castillo, la educación de su hija y el entorno de su hogar es clásico, lo que implica un estilo de vida sin aparatos electrónicos modernos.

Don Diego es un hombre con una mentalidad clasista, altruista con la ideología modernista y tiene creencias muy conservadoras que chocan con otras creencias. Aunque su apariencia sea deplorable cuando está cautivo en ese chiquero de cabaña en la localidad de Santa Elena, su arrogancia se mantiene en pie. También es altruista, muy dramático y siempre busca una forma de fastidiar al Mono, como por ejemplo cuando canta la canción: “Ese pájaro azul es el cariño que yo siento por ti…” cada vez que va al baño, o en los gestos que hace cuando no quiere escuchar sobre Isolda.

En su mayoría de veces, esas conversaciones son muy desagradables a su gusto y del mío también. No es bonito que un tipejo este hablando obscenidades de tu difunta hija quien has criado con tanto amor y rectitud, lejos del podrido mundo que se está formando tras esas torres que llama hogar.

El colmo de todo su desenlace es cuando lo desnudan para tomarle las dichosas fotos y encima todos esos malandros lo golpean en medio de ese frío campo y su tan esperado final me dejo con una sensación agridulce debido a que el sacrificio y las humillaciones que aguanto no fueron en vano. Admiro que ha hecho lo posible para evitar que Isolda caiga en manos de Mono Riascos, no cualquier padre haría eso por sus hijas.

Pasamos al gran Mono Riascos, un personaje que me pareció muy peculiar a lo largo de la historia y el segundo personaje principal. Con el Mono, las risas están aseguradas en los capítulos de su triste, eufórica y miserable vida de los barrios modestos que se quedan pequeños ante la magnitud y la ponencia del castillo soñado que Don Diego mandó a construir con el Arquitecto Enrico Arcuri. Este cabrón se fue deformando a malandro por su actitud despreocupada y por las tentaciones de la vida, y sigue siendo despreocupado a sus casi 30 años. Aún vive con su madre Lida que no sabe nadita de lo que hace su hijo y vive con el cristo en la boca cada vez que sale disque a trabajar.

Mono es un alcohólico depresivo que pasa la mayor parte del tiempo en su “base de operaciones”. Por sus gustos, se lo cataloga como bisexual y pedófilo. Cada vez que aparece un diálogo suyo me lo imagino con ese tono paisa de “Váyase pa’ allá, hombre”. Nunca se supo su nombre real y eso me decepcionó un poco porque supimos el de Twiggy, pero no el del personaje que ha construido el hilo de los acontecimientos de los Echavarría. Cada vez que leía los deseos del Mono con tener a Isolda a su lado sin contar a Twiggy y El Muchacho me quedaba con una sensación de asco, hasta que, en el penúltimo capítulo, el Mono le cuenta a Don Diego que pensaba llevarla a vivir con él en el mismo lugar donde lo tiene; entonces yo exclamé: “¿Cómo le vas a dar a esa niña aristócrata una vida mejor que la que le dio sus padres, si tú vives todavía con tu madre? ¡Huevon!”. Creanme es un personaje muy cuestionable, pero sus acciones van hilando los acontecimientos de la historia.

Si, tengo en cuenta el dinero que el Mono ha ahorrado a base de sus otros negocios de secuestro y extorsión, pero no cuenta porque el tipo tiene vicios y tarde o temprano los ahorros de toda su vida iban a ser robados. A Mono le falta más inteligencia emocional e intelectual porque es un mediocre, un incompetente, solo estuvo sujeto a un solo plan sin preparar alguna alternativa, dejo que todo se torciera, confiando plenamente en que nada saldría mal. Lo único que hizo fue espiar sin descanso a esa familia solo porque Isolda le pareció “una mujercita”. Por otro lado, al menos demuestra que un delincuente no es un monstruo sin corazón, por las veces en que se ha sentido a punto de llorar y abandonar todo, y esto a la larga le ha ido pesando en la moral y en la conciencia al punto de que sus dos novios lo aconsejaron de liberar a Don Diego y marcharse a otro país.

Cuando Don Diego y Mono Riascos están juntos en ese cuartucho, ya se pone tensa la situación y se suelta poco a poco información de la pequeña familia Echavarría. Parece que están hablando de forma civilizada, hasta que el Mono pierde la paciencia y en algún momento le iba pegar tremendo tiro a Don Diego, llevando esas charlas repetitivas y cansinas a un estado de bipolaridad extraña, sin contar esas discrepancias de gustos en las recitaciones de los poemas de Julio Flores: al Mono le gustan, pero a Don Diego no.

“El muchacho”. A simple vista es un joven con un nombre real desconocido. Franco describe que su estilo es similar a Elvis Presley con su mentón cuadrado y su peinado hacia atrás a lo "Armando Barrera" de Los Simpson.
Al personaje te lo pintan como un buen camarada de Mono Riascos, pero solo estaba interesado en el dinero que tenía guardado y de la jugosa recompensa por el rescate de Don Diego, además lo presionó bastante para que le comprara la moto que quería, un reloj de oro y otros caprichos como si se tratara de su amante; y en efecto, era su amante.

No lo dice de forma directa, pero ciertos pasajes de la novela te lo deja en claro. Son dos ocasiones puntuales donde se les ve haciendo cosas raras, la primera es con la faldita roja de Isolda en la cama del Mono y la segunda ocasión es en la sobada de piernas en el bar.
Si se presta mucha atención, en las conversaciones también se nota la química que intenta lograr con el Mono, pese a su manipulación codiciosa, y para el colmo de toda su orientación sexual, el tipo termina traicionando al Mono al meterse con la "querida socia" (Twiggy), prometiendo el cielo y la tierra solo para dejarla también pateada, desapareciendo del mapa por milagro de la virgencita. Sin duda, es el peor personaje, en cuestiones moralistas que puede existir. Y eso lo hace un personaje interesante y divertido.

Un momento divertido de este personaje es en la parte donde el Mono Riascos le compra su moto y para sorprender a la vendedora la estrena bien recio; y yo produzco un escenario mental que consiste en que el muchacho se estrella bien feo contra un árbol, casi matándose por el impacto. Entonces, el Muchacho llamó al Mono con diminutivos para preguntar como quedo su moto. Me da risa imaginar que quedó con raspaduras, laceraciones en la piel, el pantalón hecho trizas y la moto toda destrozada por la carretera y el Mono mandando todo al desagüe.

Vanessa Montoya o más conocida como la Mona Twiggy, es la novia o más bien la tapadera amorosa del Mono, porque el tipo no la toca ni con el pétalo de una rosa. Un excelente personaje que cumple con su propósito de terminar siendo amada u odiada por el lector, usa minifaldas descaradas sin nada debajo y su estilo de peinado Bob. Su apariencia trata de ser lo más parecida a su cantante de pop favorita “Twiggy”. Un personaje, al igual que "El Muchacho", muy polémico por sus acciones a lo largo de la novela como por ejemplo: la de ser una ladrona habilidosa junto a sus cómplices llamadas Ombligona y Carevaca, también por su personalidad muy definida como amante de la moda y motociclista.

Twiggy es una mujer rebelde que no necesita (ni necesitaba) de un hombre a su lado para brillar como una bandida en la novela, sin embargo, me termino desagradando por ciega, exhibicionista y por sus necesidades carnales que encontró con el querido socio (El muchacho), encima que el Mono solo la estaba utilizando por el negocio, aunque en el fondo si sintió algo de remordimiento al haberlo traicionado en la parte donde observa una fotografía de ellos dos detrás de unas cascadas. No obstante, esa sensación fue efímera. Que haya terminado detenida por todos sus crímenes fue el mejor final que tuvo. Y ese final también le hubiera quedado genial al Muchacho... si no hubiera escapado con éxito.

Pasamos a la tierna Isolda Echavarría, la idealizada princesita con una vida efímera de cautiverio del fascinante mundo exterior. Era fanática de los Beatles. Soñaba con la libertad de crear sus propias reglas lejos de la imposición clasista de su entorno, aunque era libre de corretear por todo el patio. Una niña igual de rara que su madre e institutriz, pero con un toque de adicción a la adrenalina y una gran imaginación para tener aventuras en el bosque y luego regresar con peinados extraños, como cualquier niña de su edad. Lo que vemos de ella es solo la construcción mental de Mono y de Don Diego, viéndola como una muñequita controlada por cuerdas y sirviendo de show para los mirones.

Su muerte fue inesperada y no me enteré hasta que ellos dos lo mencionan en sus monótonas conversaciones para hacerse sufrir. Me gustó que Dita y Diego le hayan puesto ese nombre a la niña por su obra favorita: Tristán e Isolda; le queda muy lindo. Hay una parte que me dio mucha pena, y es cuando la niña quedó traumada por la mujer de peinado afro que murió baleada en el pecho y se restregó en toda la ventanilla para pedir ayuda, Don Diego debió haberle traído un terapeuta o hablado con ella sobre el tema en vez de prohibir mencionarlo.
Como Dita defendió, la niña tiene derecho a explicaciones sobre lo que sucede cuando sale al exterior para estar más conscientes del peligro y expresar su confusión. Me imagino que de esa forma fue como se quitó la vida en el internado para no sufrir más por los sentimientos de amor "inocente" que tenía por el Mono, sin saber quién realmente era.

Benedikta Zur Nieden, o más conocida como Dita, una mujer que desempeñó muy bien su papel como apoyo hacia Don Diego en esta historia de gentío y clasistas. Dita habla completamente alemán, por lo que, se demuestra que ella aún no se ha adaptado al idioma del país. Cumple con las expectativas de ser una mujer virtuosa, segura de sí misma y de alta expresión, con un toque de atrevimiento y pasión que deja boquiabierto a quien la lee.
Tiene establecidas sus propias creencias y sus propias metas. A la primera oportunidad le expresó a Don Diego que es una mujer libre de las cadenas del machismo y de las creencias del matrimonio. Esas palabras desencadenó una discusión con Diego en una cita íntima que ella organizó.

Me emocioné cuando le gritó: “¡Eres un pobre macho latino!” y lo dejó pensando sobre eso por semanas hasta que tomo la decisión de estar con ella.
A pesar de la apariencia tan esponjosa y tierna que me imagino de Dita, también es un poco rara por el final en que ella se quedó sin su marido y sin su hija, echó a todos los policías y como única alternativa visitó por horas el bosque mágico, dando a entender que ella tuvo que aferrarse a algo surreal para seguir adelante con su vida.

Hedda es casi hecha a la misma fórmula de Dita, pero ella es un personaje mucho más denso y extraño. Sus cuestionables acciones se resumen en que sufrió de constante acoso sexual, vive en el rencor y siempre esta reprimiendo sus emociones, que después se disparan como balas y evidencian su locura interna, a perspectiva de Mono.
Como institutriz de Isolda, su deber es instruir a la niña para ser una señorita de bien, al mostrar una falsa apariencia sofisticada y recta, cuando en su mente ella daba vueltas por un tubo casi desnuda con luces de neón de fondo.
Sus acciones y descripciones siempre están en segundo plano, como si no importaran mucho, pero en la parte en que ella siempre buscaba enredarse con el jardinero Guzmán en medio de la noche, ella tuvo un momento de atención donde se supo ella también tiene necesidades fuera de la figura autoritaria que quiere demostrar.

La banda del Mono la catalogo como unos graciosos antisociales que quieren comerse al mundo, no saben ni hervir un agua y solo sirven para criticar al Mono hasta de su sexualidad y ver a las musarañas congelarse en esa fea cabaña. Cada vez que aparecen esos tipos, las risas están aseguradas por las tonterías irracionales que hacen y dicen.

El Cejón se volvió loco tras lo que sucedió con el helicóptero y los volantes, revelando de que vendrán más de 100 soldados a matarlos a todos, después escapa y es encontrado en un pueblito por el coronel. El Cejón no era mala persona porque demostró ser una gallina ante las situaciones más densas con el grupo. En realidad, ninguno de los secuaces del Mono eran criminales profesionales, solo hacían lo que se les ordenaba, por el dinero y para mal.

Carangas es otro cuento, el tipo fue a revelar las fotos que se les ordenó luego de haberle hecho esa bajeza a Don Diego, al no encontrar un revelador de fotos clandestino, el muy inteligente se metió a un centro de revelación a la fuerza y asustando a los trabajadores de allí, lo bonito es que una chica de turno llamó a la policía y se armó una balacera, donde Carangas termina muerto por jugarle al bravo. En fin, chao basura.

Por último, pero no menos importante: Madre mía, ¡llegó el belga! Marcel Vandernool es la pieza clave para salvar a Don Diego en Santa Elena, o eso se pensó de este caballero. Resultó ser un hombre de higiene dudosa, rarísimo e invasivo en todos los sentidos. Se lo podría comparar como un Dóberman domesticado por crueles soldados alemanes para olfatear al enemigo a kilómetros. No digo que sea un mal personaje, pero se lo presentó como un buen aliado que me terminó decepcionando por no resultar ser ese héroe que los familiares de Don Diego lo pintaban con maravillas y que iba a traer a Don Diego vivito y coleando, dandole su merecido al Mono y su pandilla de payasos mequetrefes.

Según las evidencias expuestas por Franco, podría sacar la conclusión de que los alemanes son gente rara, atrevidas/sensuales y demasiado sociables para poder justificar las acciones de Marcel, Dita, Isolda y Hedda. Pero, no puedo afirmar que sea cierto, y probablemente Franco esté equivocado al estereotipar de esa forma a los alemanes. Por lo tanto, eso se quedaría como racismo referencial leve por el contexto que se proporciona sobre la Segunda Guerra Mundial en los capítulos de Don Diego en su visita a Alemania.

En conclusión, les va a encantar El Mundo de Afuera, es Disneylandia para lectores voyeristas que buscan una buena aventura de violencia, suspenso y flashbacks fuera de lo convencional, con personajes muy bien trabajados tanto por dentro como por fuera y con una estética narrativa muy fiel a la geografía colombiana. 

Sin embargo, desde mi óptica literaria, es muy común juzgar a los personajes sin conocer el trasfondo de lo que hicieron, hasta que nos muestran el otro lado de ese personaje y cometemos un acto de crítica rigurosa de sus acciones. Está bien señalarlas, porque ese es el punto en el que queríamos llegar.
Entonces, eso significa que, en esta historia, pese a las cuestionables acciones de los personajes, en realidad no hay héroes ni villanos, malos ni buenos; solo personajes que actúan y piensan de acuerdo a las diferentes circunstancias históricas, sociales y cotidianas a las que se encuentran sometidos.


Y eso es todo por hoy. Espero que les haya gustado y si tienen preguntas, discrepancias o dudas sobre la reseña, pueden comentarlas. 

Nos vemos en la próxima entrada. 

Lira n.n

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